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  • Cómo se cura un jamón: del salado a la bodega

    Cómo se cura un jamón: del salado a la bodega

    Un jamón ibérico no se fabrica: se cura. Entre la pata fresca que llega a la industria y la loncha que acaba en tu plato pasan, como mínimo, casi dos años. En ese tiempo, la sal, el frío, el calor del verano y la paciencia transforman la carne en algo completamente distinto.

    Te contamos las fases del proceso, los tiempos orientativos de cada una, por qué el clima es tan importante y cómo comprueba el maestro jamonero que una pieza está lista.

    Estanterías del secadero con miles de jamones curándose
    En un secadero, miles de jamones avanzan a la vez por las distintas fases de curación.

    1. Recepción y perfilado

    Todo empieza con la pieza fresca. Al llegar, se controla su temperatura, que debe ser baja, y su peso, y se seleccionan las piezas por tamaño y grasa. Después se perfila: se retira el exceso de grasa y piel para darle su forma característica y facilitar que la sal penetre. Muchas industrias presionan o masajean la pieza para eliminar los restos de sangre.

    Antes de entrar en sal, cada jamón se marca con la semana y el año de inicio de la salazón. Es obligatorio según la norma de calidad de derivados cárnicos y permite comprobar después el tiempo real de curación.

    2. Salazón: alrededor de un día por kilo

    Los jamones se cubren por completo de sal marina y se apilan en cámaras frías y húmedas. La regla tradicional es aproximadamente un día por cada kilo de peso, aunque el maestro lo ajusta según el tamaño, la grasa y la forma de cada pieza. Como referencia, el pliego del jamón serrano fija entre 0,65 y 2 días por kilo, con temperaturas de 0 a 4 °C.

    La sal hace dos cosas: empieza a deshidratar la carne y la protege frente a microorganismos no deseados. La grasa infiltrada del ibérico frena la entrada de sal, y eso ayuda a que el resultado final sea menos salado de lo que podrías esperar.

    3. Lavado

    Terminada la salazón, se retira la sal de la superficie con agua templada y cepillado. Es un paso breve, pero importante: si queda sal en la piel, el jamón se endurece por fuera y se cura de forma irregular. En este momento también se puede moldear la pieza.

    4. Asentamiento o postsalado

    Ahora la sal tiene que repartirse por dentro de forma homogénea. Los jamones descansan en cámaras frías, con humedad controlada, durante uno o varios meses según la pieza. Como referencia, para el serrano el mínimo son 40 días entre 0 y 6 °C.

    Es una fase silenciosa pero decisiva: la carne gana consistencia, pierde agua poco a poco y empiezan los procesos bioquímicos (la ruptura de proteínas y grasas) que más adelante darán el aroma y el sabor.

    Jamones colgados en carros dentro del secadero
    Los jamones se cuelgan en carros o barras para que el aire circule a su alrededor.

    5. Secadero natural: el verano hace su trabajo

    Después del asentamiento, los jamones suben al secadero, una nave con ventanas que se abren y cierran para regular el aire, la temperatura y la humedad. Allí pasan varios meses, normalmente atravesando al menos una primavera y un verano.

    Con el calor llega el «sudado»: parte de la grasa se funde y se infiltra entre las fibras musculares, mientras el jamón sigue perdiendo agua. Es el momento en que la pieza empieza a oler a jamón y no a carne salada.

    El papel del clima

    Durante siglos, el jamón se curó siguiendo las estaciones: sacrificio y salazón en los meses fríos y secado con la llegada del calor. Por eso las grandes zonas jamoneras están en sierras y mesetas con inviernos fríos y secos y veranos calurosos. Hoy muchas industrias combinan el aire natural con cámaras de apoyo, pero el maestro jamonero sigue abriendo y cerrando ventanas según el tiempo que haga fuera. En el centro peninsular, el clima seco de la meseta es un buen aliado para el secado.

    Sala de secado con jamones ibéricos colgados en cuerdas
    Aire, temperatura y humedad: los tres ingredientes invisibles del secadero.

    6. Bodega: el tiempo lento

    Cuando el secado termina, los jamones bajan a la bodega, más fresca, oscura y estable. Allí se afinan durante meses o incluso años. Los mohos que aparecen en la superficie forman parte de esa maduración y contribuyen al aroma.

    En el ibérico, la norma (Real Decreto 4/2014) exige un tiempo mínimo total, contado desde la entrada en sal, de 600 días para jamones de menos de 7 kg y 730 días para los de 7 kg o más; las paletas, 365 días. Muchos jamones de bellota pasan bastante más tiempo del mínimo.

    Jamones ibéricos colgados en la bodega de curación
    En la bodega, el jamón termina de desarrollar su aroma.

    Tiempos orientativos de un jamón ibérico

    Cada pieza y cada casa marcan su ritmo, pero esta es una guía razonable:

    • Salazón: alrededor de un día por kilo (en torno a una o dos semanas).
    • Lavado: unas horas.
    • Asentamiento: de uno a varios meses.
    • Secadero: varios meses, incluyendo al menos un verano.
    • Bodega: el tiempo necesario hasta completar, como mínimo, los 600 o 730 días que exige la norma, y a menudo bastante más.

    El calado: el control final con hueso de vaca

    ¿Cómo se sabe si un jamón está listo sin abrirlo? Con la cala. El maestro jamonero introduce una aguja fina, tradicionalmente hecha de hueso de vaca, en varios puntos estratégicos de la pieza, cerca de las articulaciones y del hueso, donde es más fácil detectar un defecto. La saca y la huele de inmediato.

    ¿Por qué hueso? Porque es poroso: retiene el aroma justo el instante necesario para olerlo y lo pierde enseguida, así que se puede pasar al siguiente jamón sin arrastrar olores. Un buen calador distingue en segundos un jamón perfecto de uno que necesita más tiempo o que tiene algún problema.

    Preguntas frecuentes

    ¿Se puede acelerar la curación?

    Se pueden controlar mejor la temperatura y la humedad con cámaras, pero los mínimos de tiempo del ibérico son legales y no se pueden saltar. Y la grasa necesita su tiempo para transformarse.

    ¿El moho de la piel es malo?

    En el secadero y la bodega, los mohos superficiales son normales y forman parte del proceso. En casa, si aparece en la zona de corte, basta con retirar esa capa. Te lo contamos en cómo conservar el jamón.

    Si te preguntas por qué el serrano necesita menos tiempo, lo explicamos en jamón ibérico o serrano: diferencias de verdad.

    Huélelo, míralo, pruébalo: visita el secadero

    Leer sobre la curación está bien. Caminar entre más de 50.000 jamones, oler la bodega y ver cómo se cala una pieza es otra experiencia. Te proponemos una visita guiada a un secadero de jamón ibérico a unos 30 minutos de Madrid, con corte en vivo y cata de ibéricos con vino. Las visitas se organizan bajo petición, con al menos dos semanas de antelación (20 días para grupos privados), en español, inglés, italiano, francés, alemán, japonés o chino.

    Solicita tu visita al secadero y descubre de primera mano el tiempo que hay detrás de cada loncha.