Cómo conservar un jamón el máximo tiempo

Pata de jamón ibérico en jamonero con plato de lonchas

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Un jamón ibérico es un producto vivo: ha pasado años curándose en un secadero y, cuando llega a tu casa, sigue respirando. Por eso la forma de conservarlo marca la diferencia entre disfrutar la última loncha tan bien como la primera o acabar con una pieza reseca y rancia.

La buena noticia es que no hace falta nada especial: basta con entender qué le sienta bien (fresco, seco, oscuro y protegido por su propia grasa) y qué le sienta mal (calor, humedad, luz y aire). Vamos por partes, según cómo tengas el jamón.

Las cuatro reglas de oro

  • Lugar fresco y seco: lejos del horno, de la vitrocerámica, de radiadores y de ventanas con sol.
  • Ventilado y sin humedad: la humedad favorece la aparición de mohos; el calor, que la grasa se enrancie y gotee.
  • Protegido de la luz: la luz directa oxida la grasa y altera el sabor.
  • Que pueda respirar: nada de envolver la pieza entera en plástico o film.

Una cocina muy caliente en verano no es buen sitio. Si en casa tienes una despensa o una estancia fresca, mejor allí, y saca el jamón a la cocina solo cuando vayas a cortarlo.

Jamón entero sin empezar

Un jamón que aún no has abierto es el más fácil de conservar. Viene protegido por la corteza y la grasa exterior, y puede aguantar bastante tiempo en buenas condiciones si lo guardas bien.

  • Cuélgalo por la cuerda o déjalo apoyado en un sitio fresco, seco y oscuro. Si viene en una funda de tela o malla, puedes mantenerla: deja respirar la pieza.
  • Si lleva un plástico o envoltorio cerrado, retíralo para que no condense humedad.
  • No lo metas en la nevera: no cabe, no lo necesita y el frío y la humedad le perjudican.
  • No lo guardes indefinidamente: el jamón sigue perdiendo humedad y se va secando. Lo ideal es empezarlo en los meses siguientes a comprarlo.
Pata de jamón ibérico en jamonero junto a un plato de lonchas recién cortadas
Un jamón en el jamonero, listo para empezar. Hasta entonces, mejor colgado en un lugar fresco y seco.

Jamón empezado: el momento delicado

Una vez abierto, la superficie de corte queda expuesta al aire y empieza a secarse y oxidarse. Aquí es donde se gana o se pierde el jamón. Si aún no lo has empezado, repasa antes nuestra guía de cómo cortar un jamón paso a paso: un buen corte también es una buena conservación.

Limpia solo lo que vayas a consumir

Retira la corteza y la grasa exterior únicamente de la zona que vayas a comer en uno o dos días. Pelar todo el jamón de golpe es el error más común: la carne descubierta se reseca en poco tiempo.

Tapa el corte con su propia grasa

Guarda las lonchas de tocino blanco que retiras al limpiar. Al terminar de cortar, colócalas sobre la superficie de corte, como una tapa. Es la protección más tradicional y la que mejor funciona: mantiene la jugosidad y evita que la carne se oscurezca.

Encima, cubre el jamón con un paño de algodón limpio o un cubrejamones de tela. Se desaconseja envolverlo por completo en film: no transpira, condensa humedad y favorece los mohos. Si usas film o papel, que sea solo puntualmente sobre la zona de corte.

Consúmelo a buen ritmo

Un jamón empezado está en su mejor momento durante las primeras semanas. Cuanto más tiempo pase, más se secará la carne cercana al corte, aunque lo protejas bien. Si sabes que en casa vais a comer poco, plantéate empezar por la babilla o comprar una pieza más pequeña.

Manos cortando jamón ibérico a cuchillo en penumbra
Cortar solo lo que se va a comer y proteger el resto: así aguanta el jamón empezado.

Moho blanco en el jamón: ¿es malo?

Ver una capa blanquecina o verdosa sobre la corteza de un jamón entero es habitual. Durante la curación, en el secadero aparecen mohos superficiales que forman parte del proceso natural; te lo explicamos en cómo se cura un jamón. Sobre la corteza no es motivo de alarma: basta con limpiarlo con un paño seco o ligeramente untado en aceite de oliva antes de empezar la pieza.

Otra cosa es el moho que aparece sobre la carne de un jamón empezado, normalmente por humedad o por haberlo tapado sin dejarlo respirar. Si es superficial, retíralo con el cuchillo junto con una capa fina de carne, limpia la zona y mejora la ventilación. Pero si notas olor desagradable, textura pegajosa o manchas que penetran en la carne, no lo consumas. Ante la duda, mejor no arriesgarse.

No confundas el moho con los puntitos blancos que a veces se ven en la carne de un jamón muy curado: son cristales propios de la maduración (tirosina) y suelen ser señal de una curación larga.

Jamón loncheado al vacío

El loncheado envasado al vacío es la forma más cómoda de tener jamón siempre a mano, y también la más fácil de conservar. Aquí manda la etiqueta: sigue las condiciones de conservación y la fecha de consumo preferente que indica el fabricante. La AESAN explica qué significa cada mención del etiquetado, incluida la diferencia entre consumo preferente y caducidad.

  • Guárdalo en un lugar fresco o en la parte menos fría de la nevera, según indique el envase, y nunca al sol.
  • Sácalo de la nevera unos 15-30 minutos antes de servirlo y abre el sobre para que la grasa se temple: el jamón frío apenas sabe.
  • Una vez abierto, consúmelo cuanto antes y no lo guardes con el envase roto: tápalo bien para que no se reseque.
Vista cenital de lonchas de jamón ibérico de bellota
El loncheado al vacío se disfruta igual de bien si se atempera antes de servir.

Si prefieres no preocuparte por el corte, en nuestra tienda tienes ibéricos loncheados a cuchillo y envasados al vacío.

¿Cuándo meter el jamón en la nevera?

La pieza entera, empezada o no, no necesita nevera si tienes un sitio fresco. La nevera tiene sentido en casos concretos:

  • Cuando el producto lo indica en la etiqueta, como muchos loncheados envasados.
  • Para lonchas ya cortadas que no vas a comer en el momento: bien tapadas, en un recipiente o envueltas, y atemperadas antes de servir.
  • Para tacos o trozos deshuesados, que al perder su grasa protectora se secan antes.
  • En casas muy calurosas en verano, si la grasa empieza a gotear: puede ser mejor deshuesar la pieza, envasarla por trozos y guardarla en frío.

Preguntas frecuentes

¿Se puede congelar el jamón?

Se puede, pero no es lo recomendable para un ibérico: la congelación afecta a la textura y a la grasa. Si no hay otra opción, mejor congelar tacos o trozos para cocinar que lonchas para tapear.

¿Por qué gotea la grasa del jamón?

Por el calor. La grasa del ibérico de bellota se funde a temperaturas bajas, y en una cocina caliente empieza a gotear. Busca un sitio más fresco.

¿El jamón ibérico se conserva diferente al serrano?

Las pautas son las mismas. Si quieres conocer mejor las diferencias entre ambos, la interprofesional ASICI publica información sobre el ibérico y sus categorías.

Descubre dónde se cura un jamón

Si quieres ver con tus propios ojos cómo se conservan miles de jamones durante su curación, ven a conocer nuestro secadero, a unos 30 minutos de Madrid. Recorrerás las salas, verás un corte en vivo y catarás ibéricos con vino. Solicita tu visita al secadero con al menos dos semanas de antelación.